Grafica en la calle

Dibujos y letras son marcas de lo humano. Su capacidad de abstracción permite transmitir de generación en generación  un conjunto de ideas y valores. Son herramientas mentales, esenciales que en la calle, un espacio cultural transitable – lugar por excelencia de reunión y conquista del pueblo-  tienen una gesta espontánea, artesanal y anónima. Observamos los viejos rótulos supervivientes de otras épocas, como observamos a un paciente: atendemos a su palabra y a sus gestos-formas; vemos su colocación espacial. Buscamos por toda Essaouira marcas que nos lleven a momentos pasados o presentes, a otras realidades y miradas: hay miles, desde los ideados en la Edad Media, hasta los creados en la actualidad, que sabemos simbólicos e identificativos. Los encontramos sobre madera, en ya desgastadas falucas, o sobre piedra, en la parte superior de las puertas de las casas, marcando numeraciones o señalizando barrios, etnicas o gremios. Son marcas anunciadoras de estatus social o distintivos comerciales llegados con el dios capital. Rótulos -algunos sorprendentes, ingeniosos o exóticos- como banderas a lo Bob Marley, que fabulan la idea de Essaouira como el woodstock africano; irónicos con las realidades occidentales como los que hacen alusión a Carrefour, Ferran Adriá o al preciado viagra o un grafismo que repara el porcentaje, para nada subestimable, de analfabetismo, en la rotulación electoral.
Usando como bibliografía el mundo percibido, echamos un vistazo en la calles de la medina de Essaouira, conscientes de la falta de un grafismo de autor. Conscientes de que el concepto de competencia, que obliga a distinguir los negocios, toma fuerza en una Essaouira que, por su carácter turístico y de pasado gremial, hace alarde de nuevas formas, incorporando el grafitti como forma de manifestación. Tiendas sin escaparates, con productos de consumo cotidiano pero con un grafismo “hecho a mano” y como tal irrepetible.

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